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sábado, 30 de julio de 2011

Hammurabi y la industria del entretenimiento: renovarse o morir (II)

En la estela del famoso código mesopotámico, el dios de la Justicia, Shamash, entrega el Derecho al rey Hammurabi, mero intermediario, para que lo publique. En nuestros días, Hammurabi, el mero intermediario, es el Estado, y Shamash es el propio pueblo, como reconoce la Constitución Española:

Art. 1.2: La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado .

Por ello, actitudes políticas y empresariales que traten de lograr que el Derecho criminalice al ciudadano y a los intermediarios en el flujo de comunicación de la obra (ejemplo, webmasters de páginas de enlaces a descargas no consentidas por el autor) o hacerle creer que realiza un ilícito, porque simplemente ya no tiene interés por un modelo determinado de comercio, no son solamente absurdas (hoy, como en 1800 a.C., el ciudadano tiene acceso al texto de la norma), sino que son sencillamente anticonstitucionales, antisociales e ilegítimas. El Derecho no es legítimo si su espíritu o su resultado es favorecer a una minoría perjudicando los intereses de la mayoría de los ciudadanos. El Derecho debe encontrar soluciones para facilitar la consecución de los intereses de los ciudadanos, no corregir esos intereses y cambiarlos por otros, decididos por una minoría o por el Gobierno -o en el peor de los casos, por gobiernos extranjeros.

Indudablemente, que el modelo de comportamiento del usuario ante el acceso al entretenimiento ha cambiado, a raíz del desarrollo de la tecnología y las nuevas formas de acceso, distribución y/o puesta a disposición de las obras, no significa que el esfuerzo creativo no tenga un valor y no merezca retribución. Permanece vigente en términos económicos, y espero que por mucho tiempo, el aforismo “no hay desayunos gratis”, y todo producto o servicio que beneficie a otro merece su compensación económica. Pero atención, "económico" no equivale a "monetario". En este sentido, hoy en día, sabemos que la realidad de la sociedad se desarrolla y sucede en gran medida en Internet, donde la clave comercial no es ya únicamente el precio (base de la industria del entretenimiento obsoleta) sino fundamentalmente el valor. Es decir, se refuerza la monetización de insumos que no tienen por qué ser en todo caso dinero. Buscar una palabra en Google no requiere el pago de un precio al buscador por parte del usuario, pero sí un pago con otro valor: su atención, su tiempo, su acción de buscar y generar tráfico. No cuesta al usuario un precio registrarse en Facebook y utilizar sus servicios, pero sí cuesta algo, un insumo, que tiene valor en sí mismo, y se utiliza como materia prima en el proceso productivo de la empresa: tiempo, atención, contenidos, flujo de información, atracción de nuevos usuarios...

En Internet conviven ambos modelos: el monetario y el de la atención. El usuario administra estos dos bienes escasos de su patrimonio, dinero y atención-tiempo, y los invierte en unos u otros productos o servicios de su interés. Los beneficios de la industria en el ámbito digital no sólo son mayores, sino que además crecen exponencialmente y sin requerir la inversión de las sumas que la “industria física” necesita para aumentar su capacidad. La innovación y crecimiento digitales son mucho más baratos. En algunos casos gratuitos, como el del uso de software libre que sea de uso gratuito, desarrollado por individuos o entidades en beneficio de todo el que lo quiera usar. Y el beneficio para el ciudadano, en cuanto a acceso al conocimiento y desarrollo común, es innegable.

Sin embargo, elementos influyentes de la industria del entretenimiento a nivel mundial se empeñan aún en mantenerla encallada en un modelo que ya no funciona.

La solución para esta industria: algo que ya están haciendo con éxito no pocos creadores, artistas y empresarios, el análisis sobre los nuevos intereses del público, sobre los nuevos factores y condiciones internas y externas, y sobre el comportamiento de otros agentes que han tenido éxito en el mundo digital; casos claros: Google, Facebook, y otros prestadores de servicios, que han detectado temprano y ejemplarmente las nuevas formas de ofrecer servicios y recibir su legítimo beneficio. Introducir en la empresa expertos que analicen y busquen la forma de encontrar ese valor puede requerir una inversión económica fuerte, pero que los beneficios generados por la innovación son, sin duda alguna, muy superiores, es algo demostrado hoy y a lo largo de los siglos.

Teresa Nevado

(Imagen: estela del Código de Hammurabi-detalle-; Musée du Louvre; Wikimedia Commons).

miércoles, 27 de octubre de 2010

Facebook Groups, nuevo ataque a la intimidad

Una vez más, una novedad de Facebook atenta contra la intimidad y el poder de decisión de sus usuarios en pos del crecimiento de la red social. Crecimiento en número de usuarios, a costa de una disminución de su fiabilidad, cosa que no parece preocupar a sus máximos responsables. La nueva función “Groups”, modificada el pasado 6 de octubre, y que fue extendiéndose a todos los perfiles de Facebook a nivel mundial durante los días siguientes, permite al usuario incluir a sus contactos en diferentes conjuntos (familia, amigos y compañeros de trabajo), para seleccionar mejor qué información podrá ver cada uno de ellos. Pero la novedad, tal y como está configurada, comenzó pronto a generar quejas, ya que permite a un subgrupo de amigos acceder y realizar actualizaciones sin la necesidad de confirmación o aprobación.

Entre otros usuarios, el influyente blogger Jason Calacanis, fundador de Weblogs, Inc., ha emitido su queja al verse agregado sin su autorización ni consentimiento en determinados grupos, algunos incluso perjudiciales para su imagen. “En ningún momento me preguntaron si quería sumarme a este grupo y nunca fui informado que había sido inscrito a la fuerza”. “Si desea probar sus nuevas funciones conmigo antes de lanzarlas, podría ahorrarle tal vez algunos juicios todos los años por violación de la confidencialidad”, expuso Calacanis en un correo que envió a Facebook.

Jaime Schöpflin, portavoz de Facebook, ha comunicado que “si uno de nuestros amigos nos agrega a grupos a los que no tenemos ganas de pertenecer, o se comporta de una forma que no nos agrada, podemos pedirle que se detenga, podemos bloquearlo o hacer que no sea más nuestro amigo, y así ya no tendrá nunca más la posibilidad de agregarnos a ningún grupo”.

Por su parte, Michael Arrington, fundador de TechCrunch, comenta que basta con darse de baja del grupo para que el usuario que nos incluyó en él pierda esa facultad. Sin embargo, entendemos, basta con que exista la posibilidad de darse un solo caso que debamos tener que rechazar a posteriori, mediante la función de “unsubscribe”, para que el daño sea cosa cierta.

En cualquier caso, Facebook parece preferir transmitir a los usuarios la responsabilidad, en su elección de a quién frecuentan y agregan como “amigo”, antes que instaurar un sencillo proceso de confirmación con el que esta red social correría el riesgo de verse limitada en su expansión. Como siempre, queda bajo el poder de decisión del usuario la única posibilidad de proteger su privacidad: no seguir adelante con su perfil, tal y como están configurados actualmente los términos de privacidad de Facebook, al menos hasta que la protección de la privacidad de cada uno de los usuarios sea real y efectiva.

María Teresa Nevado

Fuente: www.facebook.com, http://techcrunch.com, http://calacanis.com

(Publicado en Áudea, Seguridad de la Información)

lunes, 12 de julio de 2010

Redes sociales 'spammer': Shtyle.fm

El auge de las redes sociales, impulsado al hilo del éxito social de plataformas como Facebook o Tuenti o My Space, está generando nuevas propuestas que en algunos casos aún están produciendo problemas en relación con la seguridad de la materia prima con la que trabajan: los datos de los usuarios registrados. Entre ellas, destaca el caso de Shtyle.fm.

Shtyle.fm es un sitio web que se presenta como un híbrido de mundo virtual y red social sobre la que todavía escasea información en la Web. Empleando como dominio de nivel superior geográfico (ccTLD) el .fm, asignado en un principio para los Estados Federados de Micronesia pero que suelen adquirir estaciones o webs de radio, en principio la página parece ser creación de un emprendedor de Tulsa, Oklahoma, y expone una política de privacidad en la que se afirma que “Shtyle no revelará a tercero alguno el nombre o la información de contacto de los miembros”; sin embargo en la práctica esto no está siendo cierto, ya que ya se han producido quejas de que la red emplea los datos de los usuarios registrados para conseguir nuevos registros y expandirse. El envío de e-mails a contactos del correo del registrado estaría produciéndose sin consentimiento de este ni del destinatario, lo que constituiría a la luz de la normativa europea sobre protección de datos un claro caso de spam y de cesión no consentida de datos de carácter personal, además de la gravedad del hecho de enviar una solicitud de amistad simulando que es enviada por el usuario registrado sin que este haya mostrado tal intención.

Aunque en Estados Unidos se admite que se pueda emplear la lista de direcciones del correo de un usuario para hacer este tipo de envíos en el caso de que dicho usuario no restrinja su privacidad al darse de alta en el sitio del que se trate, esta posibilidad no cabe de ningún modo en el caso europeo.

María Teresa Nevado
(Artículo publicado por Áudea, Seguridad de la Información, www.audea.com).